El Mérgulo (Alle alle) no necesita presentación para los locos por las aves marinas. Es el menor de la familia de los álcidos, donde se encuadran alcas, araos y frailecillos y con un tamaño algo menor de la mitad de este último, que ya de por si es pequeño. No es una especie frecuente en nuestras cosas, lo que la hacé aún más interesante para los aficionados españoles. Es patosa en tierra, rechoncha y con una cabeza desproporcionadamente gorda para un pico apenas apreciable: El aspecto general nos recuerda al de un pingüino en miniatura, así que con esta tarjeta de presentación es fácil averiguar por qué todos queremos ver mérgulos.
Pero si la descripción es interesante, aún más lo es su biología, que viene a basarse fundamentalmente en el viejo dicho romano: “unidos vivimos, separados morimos” o lo que es lo mismo, la unión hace la fuerza. En opinión de los expertos, el pitufo de los mares es el ave marina más abundante del mundo, con nada menos que 15 millones de parejas, ahí es nada, que se reproducen en los acantilados marinos más remotos del Alto Ártico, entre la costa Este de Canadá y hasta las regiones más occidentales de Rusia. Solo las 200 colonias conocidas en las islas Svalbard, dan cobijo a un millón de parejas, así que es fácil imaginar imaginar el ambientazo que envuelve a cualquiera de ellas.
Los mérgulos llegan a las colonias atlánticas de cría hacia el mes de abril, cuando termina la eterna noche invernal del Ártico, dando paso a un verano donde no se pone el sol. Allí sacan adelante su único pollo y con el mismo bullicio con el que llegaron, se marchan hacia el sur en agosto. Para octubre van llegando a sus cuarteles de invernada, que se ubican en el Atlántico Norte.
Se sabe que los mérgulos no se han visto afectados por la sobre-explotación de las pesquerías, como sí han sufrido otras especies de la familia, ya que el alimento principal es el plancton. La base de la dieta la compone su crustáceo favorito, el copépodo Calanus glacialis del que hablaremos más abajo.
Los pequeños álcidos abandonan la seguridad de los acantilados en bandos compactos denominados enjambres, que llegan a tener tamaños enormes. Los enjambres vuelan emitiendo un zumbido muy característico, producido por el aleteo sincronizado de sus alas cortas y estrechas. Solo protegidos por el enjambre tienen alguna oportunidad de zafarse de los ataques de su principal depredador aéreo, la Gaviota Hiperbórea y a veces los págalos grande, pomarino, rabero y parásito, porque allí no existen las aves rapaces. Por tierra el peligro lo pone zorro ártico, que merodea constantemente a la espera de que caigan pollos desde las estrechas repisas donde ponen los huevos.
Cuando los enjambres alcanzan las áreas de alimentación en el mar, las aves se dispersan por los alrededores para bucear cada una por su lado en busca de las partículas de plancton de las que se alimentan. Cuando ya están cargados por completo, los vecinos de un mismo acantilado vuelven a agruparse nadando en superficie y cuando el enjambre ya se ha reagrupado, se largan a toda prisa a tierra, para alimentar al pollo y turnarse con su compañero de nido.
Como no existe la noche en el verano ártico, el ritmo de actividad es frenético durante las 24 horas del día y así durante tres meses ininterrumpidos; no hay muchas formas de vida en el planeta capaces de soportar un desgaste energético tan formidable como el de estas curiosas aves. Y esto no es todo; han de sumar el esfuerzo titánico para capear los temporales en mares no aptos para débiles; si es un espectáculo ver los enjambres entrando a las colonias, más aún lo es verlos esquivar las olas durante los temporales o incluso atravesarlas como torpedos, con una fuerza impropia de un pájaro tan pequeño. Con carácter esporádico las grandes tormentas en los mares norte-europeos, empujan a algunos bandos invernantes hacia las costas españolas y cuando esto pasa, se convierte en todo un acontecimiento.
Los científicos que más atención le han prestado al pitufo marino son los del Instituto Polar Noruego, con quienes hemos compartido algunas jornadas de anillamiento en las colonias de cría. Sus descubrimientos son asombrosos y revelan cómo una especie tan pequeña puede tener una importancia capital para el equilibrio de un ecosistema tan delicado y complejo como es la tundra del Ártico.
El papel que desempeñan radica en el colosal tamaño de su población; al alimentarse en el mar y traer a tierra las cebas para los pollos en la colonia, los mérgulos transportan ingentes cantidades de nutrientes desde el medio marino hasta el ecosistema terrestre, que se depositan a través de los excrementos. Al parecer es un guano de una calidad excepcional, compuesto fundamentalmente por restos de los deliciosos Calanus, que fertilizan una tundra muy necesitada de nitrógeno. Como algunas colonias están alejadas de la primera línea de costa y, como dicen en mi pueblo: cagan más que los mirlos, el guano recubre literalmente las paredes de los acantilados. Las nevadas y lluvias se encargan posteriormente de dirigir los nutrientes hacia los valles y de ahí al mar por escorrentía y glaciación. Como los noruegos son tipos concienzudos, quisieron cuantificar el volumen exacto de aporte nutrientes a una sola colonia y calcularon que la bien conocida colonia de Hornsund, recibie 100 toneladas de rico abono cada temporada de cría.
Otra curiosidad sobre los mérgulos, es que se cree que fueron los responsables de la muerte del famoso explorador polar Knud Rasmussen. Los inuit de Groenlandia preparan un exquisito plato local llamado Kiviaq, que consiste en rellenar una piel de foca con hasta 500 mérgulos en su interior y sellarla con la grasa del mismo animal. La piel se cose bien apretada y se deja fermentar hasta un año y medio bajo una pila de rocas, para mantenerla a salvo del oso polar. Así los esquimales logran sobrevivir al duro invierno gracias a este particular embutido. Se piensa que Knud ingirió un Kiviaq en mal estado por mala confección, lo que acabó con la vida del explorador.
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| Un adulto llega al nido para alimentar al pollo y darle el relevo al otro miembro de la pareja. |
A día de hoy hay 35 millones de pequeños pitufos formando enjambres por el Ártico, aunque los científicos ya andan con la mosca detrás de la oreja al haber detectado las primeras señales de alarma. Como contábamos antes, su bocado favorito es el Calanus glacialis, que tiene un contenido energético mucho mayor que el de otros copépodos, como C. finmarchicus, que por contra es mucho más abundante. El primero de ellos es más apetecible además y se encuentra fuertemente asociado a las masas de agua muy frías, mientras que el segundo predomina en aguas templadas. De nuevo han sido los noruegos quienes han detectado el problema: el calentamiento gradual de las aguas polares está reduciendo las poblaciones del copépodo de mayor valor energético y esto comienza a forzar a los mérgulos a alimentarse del plancton de aguas templadas, más abundante y de menor valor nutritivo. A nadie escapa que esto significa que el éxito reproductor en las colonias está comenzando a disminuir, aunque que por el momento no se ha visto un declive importante en las colonias.
Así pues, solo queda desear a que no les vaya mal a estas asombrosas criaturas y que lo que hemos contado os haya resultado interesante.
¡Hasta la próxima!








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